Toda Historia:

Toda historia es simple y se me olvida. 
Quizá me fui a tomar café, quizá la amaba 
y me perdí entre jardines de piernas esmaltadas 
que fueron juncos trenzados de palabras 
y después retama que mi lengua de trapo 
había hecho trizas. Quizá fue el amor, 
quizá el café, tal vez la noche. El recinto 
sin madrugadas, con sangre y lunas rotas, 
el recinto, el barranco de dientes oxidados 
o el valle de hojas de afeitar dulcísimas 
no hería o no existía. Quizá fue el café 
o fueron sus piernas, o quizá la amaba. 
Toda historia es simple y se me olvida 
en las axilas de mi ciudad tristísima. 
Sabedlo ya: mis ojos no se acuerdan de qué miran.

Santiago Montobbio