Tren nocturno a Lisboa- citas.

Hay una solidaridad sin palabras que une a los insomnes. 

¿Hay algo más descabellado que esto: perseguir un deseo cuyo objeto no podemos imaginar? 

Cuando la dictadura es un hecho, la revolución es un deber. 

Cada parte del mundo exterior era también una parte del mundo interior.

Los encuentros entre los seres humanos son como el cruzarse de trenes que pasan a toda velocidad en la profundidad de la noche. Son fugaces, apresuradas las miradas con las que intentamos ver a los otros, sentados detrás de los vidrios opacos a la luz crepuscular, que desaparecen de nuestra vista antes de que podamos distinguirlos. 

Cada mirada del otro, cada intercambio de miradas, ¿No es un como un brevísimo, fantasmagórico encuentro de miradas entre viajeros que cruzan, ensordecidos por la velocidad impensable y el golpe del viento que hace temblar y resonar todo? ¿No se deslizan nuestras miradas sin detenerse sobre el otro, como en un veloz encuentro nocturno, dejándolas atrás sin otra cosa más que conjeturas, pensamientos fragmentarios, presuntas descripciones? ¿No es verdad acaso que no son los seres humanos quienes se encuentras sino las sombras que proyectan sus propias representaciones? 

Me produce rechazo una religión que gira en torno de una crucifixión […] imagínate que hubiera sido una horca, una guillotina o un garrote. Imagínate cómo serían nuestros símbolos religiosos.  

Desde el punto de vista de la eternidad, tu sufrimiento pierde importancia. 

¿Puede dios crear una piedra que él mismo no puede levantar? Si la respuesta es no, entonces no es todopoderoso, si es sí, tampoco lo es, pues ahora existe una piedra que él no puede levantar. 

Cuando nos proponemos comprender al otro en sus interior, ese viaje. ¿ llega alguna vez a su término? ¿Es el alma un espacio de hechos reales? ¿O lo que suponemos hechos reales no son más que las sombras engañosas e nuestras historias? 

Su ausencia era como la silueta muy precisa de un vacío en una fotografía de la que alguien ha recortado una figura con total precisión, de manera que ahora la figura ausente es más importante, más dominante que todo lo demás. 

Comenzó a llover. La gente lloraba y se abrazaba. Nadie se dio vuelta para macharse. Se abrieron las compuertas del cielo y la gente se empapó hasta los huesos. 

Se quedaban. Pensé que querían, con sus pies inmóviles, detener el tiempo; impedirle que siguiera adelante para que no pudiera separarlos. 

Los nombres son las sombras invisibles con que investimos a los otros, y ellos a nosotros. ¿Lo sabes? 

Ante la eternidad, millones de omisiones se convertirían en nada. 

Si siempre y en todas partes hay tiempo para todas y cada una de las cosas ¿Dónde habría espacio para el placer de perder el tiempo? 

Los hombres no toleran el silencio porque eso significaría que se toleran a si mismos.


Pascal Mercier

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