Un relato sobre muchos monstruos.

Debiste verme odiar al mundo entero y el montón de planetas que se creían comparar al nuestro y presumían el tener a sus pies un ser como el tuyo, debiste verme preocupada por tu inexpresivo rostro o tu semblante que no se mostraba tranquilo, debiste verme cuidándote de ellos o mi rostro contemplando tu dormir, tu calma, que guardaba donde nadie pudiese perturbarla  jamas, debiste ver alguna de todas las veces que deje mi corazón a un lado y me volví monstruo con tal de que nadie tocase tu nombre, o las veces que al llorar llegaba a casa intentado solucionar tus problemas, debiste verme aprender a cocinar para que cuando estuvieses en casa comieras como te gustaba, o arreglándome un poco para no verme tan mal a tu lado, debiste verme acostada pensando en que podría ayudarte pero sobre todo debiste verme queriéndote como ya nadie lo hace, pasional y dulcemente, inocente y sencillamente,sin esperar nada, más que tu bienestar y tranquilidad pero cierto es, que estabas ocupado disfrutando un poco de mis cuidados y no te preocupabas porque en cualquier momento me sentiría sola, y te volverías a atacarme cuando yo pausase mi trabajo por mirarte con amor, entonces....llego como toda realidad, imponente, sorpresiva,cruel y sentimos el invierno cuando el sol del verano brillaba y consigo vino un inmenso frío; Pero nadie contemplaba el hecho de que alguien me sonriera dulce y en sus ojos encontrase esa necesidad de ser cuidado. Lo lamento, corrí. 
Me sentí tan en casa, ambos compartíamos calor, ambos estábamos al borde de rompernos... y aunque fueses mejor en muchas cosas cariño, ya me había ido desde hace mucho, tan solo, no encontraba un buen motivo para irme. 

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