Verdades.

Me acerqué como cazador a su presa, lento, sin dejar de mirarla, no había pronta huida ni escape que lo salvase de mi. 
Sus ojos brillaban en miedo y una gran incertidumbre en su gran esplendor se transmitía, entonces,se hizo posible oler sus sensaciones y escuchar el miedo cobrar vida desde un lugar de su ser llamado corazón que sin sentimientos seguía su gran y rápido latir. Explotamos y ardimos en la necesidad de fusionarnos en ese momento. La verdad es que nunca dejo de correr por mis venas esa dulzura de ser una maldita. 
-Esta es mi forma de decir adiós- Sonreí.
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Itzel Sandoval.