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Imagen casi perdida.

Eres como la luz alta y delgada.  Como el viento eres clara sin saberlo.  Vacila tu actitud como la tarde  suavemente inclinada sobre el mundo.   Eres hecha de sueños olvidados  y te olvido de pronto, como a un sueño;  mi corazón te busca como el humo  busca la altura y hacia ella muere.  Como una tibia flor te lleva el día  prendida entre sus labios. Eres alta,  azul, delgada, y recta como un silbo.  Te recuerdo de pronto como a un sueño. Eduardo Carranza.

Domingo:

Un domingo sin ti, de ti perdido,  es como un túnel de paredes grises  donde voy alumbrado por tu nombre;  es una noche clara sin saberlo  o un lunes disfrazado de domingo;  es como un día azul sin tu permiso.  Llueve en este poema; tu lo sientes  con tu alma vecina del cristal;  llueve tu ausencia como un agua triste  y azul sobre mi frente desterrada.  He comprendido cómo una palabra  pequeña, igual a un alfiler de luna  o un leve corazón de mariposa,  alzar puede murallas infinitas,  matar una mañana de repente,  evaporar azules y jardines,  tronchar un día como si fuera un lirio,  volver granos de sal a los luceros.  He comprendido cómo una palabra  de la materia azul de las espadas  y con aguda vocación de espina,  puede estar en la luz como una herida  que nos duele en el centro de la vida.  Llueve en este poema, y el...

Azul de ti.

Pensar en ti es azul, como ir vagando  por un bosque dorado al mediodía:  nacen jardines en el habla mía  y con mis nubes por tus sueños ando.  Nos une y nos separa un aire blando,  una distancia de melancolía;  yo alzo los brazos de mi poesía,  azul de ti, dolido y esperando.  Es como un horizonte de violines  o un tibio sufrimiento de jazmines  pensar en ti, de azul temperamento.  El mundo se me vuelve cristalino,  y te miro, entre lámpara de trino,  azul domingo de mi pensamiento. Eduardo Carranza 

Es melancolía

Te llamarás silencio en adelante.  Y el sitio que ocupabas en el aire  se llamará melancolía.  Escribiré en el vino rojo un nombre:  el tu nombre que estuvo junto a mi alma  sonriendo entre violetas.  Ahora miro largamente, absorto,  esta mano que anduvo por tu rostro,  que soñó junto a ti.  Esta mano lejana, de otro mundo  que conoció una rosa y otra rosa,  y el tibio, el lento nácar.  Un día iré a buscarme, iré a buscar  mi fantasma sediento entre los pinos  y la palabra amor.  Te llamarás silencio en adelante.  Lo escribo con la mano que aquel día  iba contigo entre los pinos. Eduardo Carranza